jueves, 22 de julio de 2010

Prohibiciones en la escuela: kids, welcome to the real world

Ayer nos sorprendía la noticia de que sanidad y las autonomías vetan la capacidad de decisión de padres, profesores y alumnos de elegir lo que desean comer. Para ello, se ha elaborado un texto (se prevé que llegará al Congreso de los Diputados antes de que acabe el año) que recoge entre otras la prohibición de vender productos envasados con más de 200 kcal, con un porcentaje de grasa superior al 35%, con grasas trans y con alto contenido en sal y/o edulcorantes artificiales.



No es que yo, a estas alturas, vaya a hacer apología de la grasa pero prohibir no es la solución ya que de todos es sabido que lo prohibido es lo que atrae y que eliminemos esos productos de los centros educativos no va a evitar que la obesidad infantil siga creciendo. Obviamente estoy totalmente de acuerdo en limitar la venta de productos que posean grasas trans generadas en la propia industria, pero no sólo en el ámbito escolar sino para el resto de consumidores y en caso de que haya productos que lo posean y aún así sigan a la venta que se indique este contenido en grasas en el etiquetado para que el que lo consuma lo haga siempre desde el conocimiento y bajo su propia responsabilidad.

Lo de limitar (bueno, en este caso prohibir) la venta de productos con alto contenido en sal lo veo una aberración y una premisa que parte más desde el desconocimiento que otra cosa. NO EXISTE RELACIÓN ALGUNA en que un alto contenido en sal en la dieta (hablamos de sodio, pero se extrapola a potasio, magnesio, etc.) provoque hipertensión arterial, ni problemas cardíacos ni nada por el estilo. De hecho se han hecho estudios de casos-control y un alto porcentaje de personas que consumen altas cantidades de sal diariamente nunca, y repito, nunca desarrollan este tipo de patologías. Lo que sí está claro es que una vez que aparece la hipertensión del sodio nos despedimos pero hasta ese momento... También quiero que quede claro que ni poseo una fábrica de sal y personalmente ni me va ni me viene (mi paladar no está acostumbrado a las comidas saladas) pero reconozco que hay gente a la que le gusta y no es cuestión de ir prohibiendo a diestro y siniestro.

Con respecto a la obesidad infantil (al igual que en la adulta) reitero que prohibir los alimentos más grasos o calóricos no va a cambiar las cifras que tenemos actualmente y escudarse en argumentos como que los niños no tienen tanta capacidad de decisión es una falacia. El problema de la obesidad infantil no es que nuestros infantes sean más rebeldes o más golosos que hace una década, la cuestión es que hoy en día es más cómodo para padres, abuelas y cuidadores darles dinero para que se compren lo que quieran en el colegio, en vez de hacerles un bocadillo; llenar las despensas de bollería industrial, snacks y refrescos para que los niños estén más felices y no se quejen por la comida (no vaya a ser que encima que pasamos poco tiempo con ellos también nos odien porque les damos de comer lo que no les gusta); suministrar zumos envasados azucarados en lugar de exprimirlos en casa y sobre todo, es mucho más fácil comprarles a nuestros hijos una videoconsola y sentarlos a ver la televisión indefinidamente en vez de dedicar nuestro "valioso" tiempo a jugar con ellos, hacer excursiones, hacer deporte, ir a parques y en definitiva crecer con ellos.

Os dejo el enlace de la noticia:

http://www.publico.es/espana/329011/sanidad/ccaa/acuerdan/limitar/grasas/centros/publicos

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